14 de marzo de 2016

Ortodoncia Estética con Impresoras 3D

Las impresoras 3D están en auge y uno de tantos ámbitos en los que podrían triunfar es en el de las Ortodoncias Estéticas.

Actualmente, en el mercado de las Ortodoncias Estéticas, los tratamientos se mueven entre los 3.000 y los 5.000 euros en la mayoría de casos. Esto son, tratamientos dentales para corregir derivas de la posición de los dientes (o las comúnmente denominadas malformaciones). Se trata de los famosos tratamientos basados en el uso de Brackets convencionales y de los Brackets Invisalign.

Concretamente, el tratamiento de los Brackets Invisalign es una metodología ciertamente trivial de reproducir con una Impresora 3D. Se necesita disponer de:

1. Un Scanner/Software de escaneo (para escanear un molde de la dentadura a corregir).
2. Un Software que procese las sucesivas etapas, en forma de moldes adaptables a la dentadura, que son necesarias para corregir esa malformación hasta una posición óptima de la dentadura.
3. Una Impresora 3D que imprima dichos moldes con un material adecuado (biológicamente hablando) y preferiblemente transparente.

Una empresa que se dedique exclusivamente al tratamiento de los Brackets Invisalign por una fracción del precio que ofrecen los Centros Odontológicos, simplemente triunfaría en el mercado. Esto sería rentable únicamente si el proceso productivo principal se lleva a cabo a través de la impresión 3D.

Aunque, ciertamente, visto desde el punto de vista del consumidor, aun saldría mucho más a cuenta disponer de una impresora 3D en casa y del software apropiado.

¿Ciencia ficción?


24 de diciembre de 2015

Prácticas de la Obsolescencia Programada

Hace algún tiempo comenté en un artículo la necesidad de erradicar la llamada Obsolescencia Programada, desde un punto de vista medioambiental.

Ciertamente, también se podría defender esta postura desde un punto de vista económico, teniendo en cuenta que el consumidor se ahorraría mucho dinero al no tener que comprar continuamente las mejoras de un determinado tipo de producto. Sin embargo, cabe afirmar que las consecuencias económicas de la erradicación de la Obsolescencia Programada, irían mucho más allá del impacto económico inmediato en el consumidor. También el modo de producir de la Industria y la publicidad se verían afectadas, y como es de suponer, las consecuencias para ellos no serían tan agradables como para el consumidor.

Sin ánimo de entrar en los asuntos macroeconómicos que no me competen, trataré de hablar de las prácticas que yo mismo he observado sobre la Obsolescencia Programada, ya que muchas personas creen erróneamente que la Obsolescencia Programada no existe o es un bulo. Veamos pues algunos ejemplos de este hecho consumado:

Termómetros eléctricos

¿Alguien recuerda los termómetros de mercurio? yo sí. Mis padres tenían dos desde antes de que yo naciera, y aun los conservan. Tienen más de 30 años y siguen funcionando con total fiabilidad. Sin embargo, alguien decidió que medir la fiebre con un termómetro de mercurio era una pérdida de tiempo (se tardaban 2 o 3 minutos en conocer la temperatura), y que era mucho mejor poder medir la fiebre en unos pocos segundos (lo cual comparto plenamente). Sin embargo, el resultado de llevar a la práctica esta gran idea ha acarreado algunos inconvenientes. Hablo de los termómetros eléctricos, que aunque cumplen plenamente con su función, van con pilas. Y el día en que se te acaban las pilas, te quedas sin termómetro. No queda realmente obsoleto, porque puedes comprar una pila y volverlo a utilizar, pero de hecho, sin las pilas el termómetro no puede funcionar. La reflexión es la siguiente, ¿por qué a pilas y no con una batería recargable?, o también ¿por qué se han dejado de fabricar los termómetros de mercurio y no tenemos más remedio que comprar un termómetro eléctrico y sus sucesivas pilas que vamos a necesitar a lo largo del tiempo?. Todo pasa por comprar, volver a comprar y seguir comprando.

Motores con piezas de plástico

Hace poco, en el lugar donde trabajo, se estropeó un interruptor general encargado de realizar una conmutación eléctrica entre líneas de alimentación. Al desmontarlo, observamos que se había desprendido un engranaje de plástico dentado perteneciente al motor del interruptor. Para nuestra sorpresa, vimos que el resto de piezas del motor eran metálicas y muy resistentes, pero que por alguna razón, esta pieza clave no era metálica como las demás, sino de plástico. Para colmo del asunto, el propio fabricante ni se ofrecía a reparar el motor ni suministraba esta pieza, adivinad: la única opción era comprar un interruptor nuevo cuando el resto de piezas funcionaban correctamente. El precio de ese interruptor superaba con creces mi propia nómina. Nuevamente, todo pasa por comprar, volver a comprar y seguir comprando. No obstante, empiezan ya a surgir alternativas al consumo desbocado y el despilfarro de recursos: webs como iFixit, promueven la reutilización y la reparación de los productos que nos rodean.

"Smartphones" deficientes

No quiero entrar en la discusión de lo absurda que es la moda actual de llamar a todas las cosas "Smart". Pero lo cierto es que muchos móviles podrían llevar tranquilamente el prefijo "fool", "dummy" o "dumb". Hablemos de casos concretos: un compañero de trabajo tenía un móvil android y el software Wassap exigía una actualización para seguir funcionando. El problema es que su móvil no tenía suficiente memoria RAM para soportar la nueva versión y se ha quedado sin Wassap. La única forma de evitar volver a la edad de piedra ha sido comprarse un nuevo smartphone. Sin embargo, el móvil funcionaba a la perfección, tenía 3G y cámara integrada, por no hablar de la memoria flash y el procesador, que también funcionaban a la perfección. Todas esas piezas en perfecto estado se han visto de hecho obsoletas por un mecanismo informático: las actualizaciones de software. ¿Por qué las actualizaciones no se aplican únicamente a los smartphones que las pueden soportar?, ¿por qué las aplicaciones no permiten la compatibilidad con versiones anteriores?, ¿es lógico que un sistema denominado inteligente sea incapaz de ofrecer este tipo de funcionalidades básicas?. Es lo de siempre, todo pasa por comprar, volver a comprar y seguir comprando. Lo que está ocurriendo con el mercado de los móviles es ciertamente preocupante. No obstante, empiezan ya a surgir nuevas ideas sobre cómo reutilizar nuestros móviles sin tener que comprar el producto entero cada vez que una parte del sistema se queda obsoleta: es el fantástico concepto del móvil modular.

Publicidad de nuevos productos

Existe una clara relación entre la publicidad y la Obsolescencia Programada. Continuamente nos bombardean con anuncios que nos muestran nuevos y mejores productos de los que ya tenemos. Este hecho afecta a nuestra conciencia y a nuestra percepción subjetiva sobre la "validez" de los productos que ya poseemos. En ocasiones, debido al colosal impacto que ejercen los medios de comunicación en nuestra vida cotidiana, damos por anticuado u obsoleto un producto que está en perfectas condiciones. El producto en sí no ha sido desarrollado con componentes que reduzcan su vida útil, o un software malintencionado incapaz de asegurar la funcionalidad del producto. En este caso nos intentan convencer de que el producto que poseemos ya no nos sirve. Crean en nosotros la necesidad de adquirir nuevos productos a partir de tener que considerar que lo que poseemos ya no es bueno o válido. Sin duda alguna, es una táctica que funciona, y que hace que día tras día muchas personas tiren a la basura productos que funcionan perfectamente para comprarse otros más nuevos. Comprar, volver a comprar, y seguir comprando, ¿recordáis?

9 de noviembre de 2015

El Combate contra los Residuos

En la presente sociedad moderna, existe un grave problema con los residuos que se generan a partir de la insaciable actividad humana.

Actualmente se producen muchos más productos de los que la sociedad necesita, y por ese motivo se insta a la misma a que consuma una y otra vez sin dilación. Las modernas cadenas de producción generan diariamente muchos nuevos productos que, para ser colocados en el mercado, deberán, o bien desplazar a otros no vendidos hasta la fecha, o bien ocupar el espacio de los ya consumidos. Los fabricantes prefieren obviamente que ocurra siempre la segunda opción.

Pero esta forma de producir y consumir no supondría ningún problema si cuando la sociedad desechara los productos, independientemente del estado en que éstos se encontraran (ya fuere porque viene una nueva oleada de productos, o porque vence su caducidad / vida útil, o porque tras su consumo ya no sirven o se estropean), existiera una cadena de reciclaje que los reaprovechara minimizando así los daños a la naturaleza y la salud humana.

Pero el caso es que la sociedad humana aun no se encuentra en este punto, y el tándem de la producción desmedida y el consumo frenético agravan las consecuencias del problema.

No obstante, conviene centrarse en las verdaderas causas del problema y no en efectos colaterales:

Los residuos son un problema porque la sociedad moderna no los trata. Porque no existe una cultura del aprovechamiento y del reciclaje. Porque aunque es cierto que algunas empresas ya han comenzado a reaprovechar materiales, la inmensa mayoría de ellas sigue produciendo productos nuevos con materiales nuevos.

¿Posibles soluciones?

Aparte de los necesarios acuerdos y tratados entre países y que por cierto, no se cumplen aun estando en vigor, se necesitan empresas que se dediquen a reaprovechar materiales. Para ello no basta con esperar una fuerte inversión privada, los Estados deben contribuir a solucionar el problema y no derivar fuera de sus fronteras el problema a terceros, los cuales aun tienen menos recursos y capacidades para solucionarlos.

De todos es sabido que muchos residuos y materiales peligrosos generados en Europa y EEUU acaban en Asia y África porque se deshacen de ellos cuando deberían estar reaprovechándolos. Se estima que Europa importa muchos de los materiales que necesita para producir sus productos y el reaprovechamiento de los residuos que se exportan supondría un ahorro muy considerable. Por ejemplo: del reciclaje de 50.000 teléfonos móviles se pueden extraer 1 kg de oro y 10 kg de plata, valorados en la actualidad en unos 40.000 euros en total. Hablo de móviles pero cualquier residuo electrónico es más de lo mismo. Y no solo los residuos electrónicos, muchos materiales pueden ser procesados para su reintroducción en el mercado.

Se trata ante todo de intentar ser sostenibles y abrazar la autosuficiencia: cabe reintroducir los productos viejos y obsoletos en el mercado, reaprovechándolos y reparándolos, pero también reutilizándolos para producir otros nuevos.

29 de septiembre de 2015

La Inevitable Robotización de la Sociedad

La robotización de la producción es un hecho que viene perfeccionándose desde los incios del capitalismo. Es una tendencia que lejos de desaparecer, forma parte del proceso inevitable de tener que reducir los costes de producción.

En relación a cómo afectará esta tendencia al trabajo humano en un futuro, nunca olvidemos la innata tendencia del hombre de ir a más y de superarse a sí mismo. En la actualidad, muchos de los detractores de la robotización no podrían difundir tanto sus ideas sin la existencia de ordenadores y de internet. Y para sostener estas estructuras tecnológicas se necesitan puestos de trabajo que antes no existían. Lo que vengo a decir es que, lejos del paradigma que supone que todo avance tecnológico va ligado a la destrucción de empleo (yo lo llamaría la superación de ciertos trabajos), no hay que olvidar la ineludible incorporación de otros nuevos empleos.

Para poder llevar a cabo la robotización de la sociedad de la mejor forma, sería conveniente ajustar adecuadamente los niveles intelectuales y culturales mínimos de la población. Una sociedad que crece en ciencia y tecnología, no se puede permitir la contradicción de cultivar a una población ignorante. Precisamente, es el trabajo más mecánico y monótono el que antes puede verse abocado a desaparecer en pro a la automatización y la robotización.

La cuestión que voy a plantear aquí es muy simple, ¿hasta cuándo la sociedad humana logrará robotizar y automatizar la producción?, ¿exsite algún límite?, ¿hasta qué punto las máquinas podrán sustituir el trabajo del hombre?

En muchos casos, la robotización y la automatización logran mejores resultados que el trabajo humano. Y este hecho es la causa fundamental que ha fomentado y fomentará el desarrollo y la expansión de la tecnología (también la competitividad ha logrado acelerar este proceso de manera notable).

De momento, lo que podemos afirmar sin temor a equivocarnos es que con la llegada de las impresoras 3D se están produciendo muchos e importantes avances para la sociedad humana. También el sector de la robótica está avanzando, y comienzan las sinergias con el sector de la impresión 3D y los Drones, algo que probablemente conllevará una nueva revolución tecnológica.

Aquí dejo un breve recopilatorio de los últimos avances en estos campos: