10 de agosto de 2018

Industria 4.0 - Producción Modular Personalizada a Demanda (Parte 1)

Llevar a la práctica la idea de poder reproducir, replicar y copiar un objeto tantas veces como se quiera, ha significado un gran logro para la sociedad.

Esta idea ha sido la base del desarrollo de la automatización y la optimización de recursos en la producción de determinados objetos y sus variantes (lo cual también ha permitido establecer estándares en la Industria).

La Industria 3.0 se ha vuelto extremadamente eficiente en la producción de energía, alimentos, materiales, piezas, máquinas, productos, medios de transporte, edificios, etc. Cada empresa busca la forma de optimizar la producción mejorando su productividad, lo cual implica optimizar costes y tiempos para alcanzar la mayor rentabilidad posible. Este es un requisito indispensable para luego poder alcanzar mayores cuotas de mercado (aunque realmente también entran en juego otros factores como el marketing).

El Know How es algo que cada empresa ha ido descubriendo a su manera para poder llevar a cabo este proceso de optimización dentro del paradigma de competitividad en el que nos encontramos. Debido al avance y el desarrollo tecnológico, el Know How siempre está en movimiento, adaptándose e integrando nuevas ideas y formas mejoradas de hacer las cosas. En este sentido, es un proceso que se realimenta positivamente cuando una empresa logra integrar sistemas o productos que otras empresas han desarrollado, y con ello optimizar aún más su producción. Pero en general, la forma precisa de desarrollar ciertos productos muy elaborados y complejos, se mantiene en estricto secreto industrial (lógicamente). Y de aquí salen las patentes y los límites de explotación o uso de los productos creados. Sin embargo, esto puede significar una barrera para que el proceso creativo del desarrollo industrial alcance nuevas etapas.

Con las barreras y la competitividad actuales, se prevé un colapso en el desarrollo de nuevas y mejoradas formas de producir, además de un mayor derroche de recursos que se extraen para poder mantener vivas las cadenas de producción, dado que no todos los productos fabricados se venden (y más si se preveen crisis futuras). Luego algo está fallando en la búsqueda por la optimización de recursos, y sin embargo, la forma de organización actual ha permitido la supervivencia de la Industria (que por otro lado, también ha tenido que recibir cuantiosas subvenciones públicas).

Las empresas ya cuentan que un cierto margen de lo que producen (oferta) no se acabará vendiendo (demanda), y ajustan su rentabilidad (costes y tiempos) en función de la demanda prevista, no de su oferta generada (algo bastante prudente).

Esta es la forma que tiene de trabajar la actual Industria 3.0. La cuestión es cómo seguir avanzando para revolucionar los procesos y la optimización de la producción.

La clave está en ciertos aspectos de lo que se ha considerado como el corpus teórico de lo que será la Industria 4.0, y que yo prefiero concentrar en este eslogan: Producción Modular Personalizada a Demanda (PMPD, "Personalized Modular Production on Demand").

13 de junio de 2017

Una Playa de Cristal

La radiación electromagnética generada por el Sol, puede clasificarse en 2 tipos: la radiación no ionizante y la radiación ionizante.

Las ondas electromagnéticas no ionizantes comprenden el espectro de la luz visible, los infrarrojos, las microondas y las ondas de radio. Se caracterizan por ser ondas de bajo contenido energético, incapaces de transformar la estructura molecular de la materia. El efecto más común que producen es el calentamiento de objetos o tejidos.

Las ondas electromagnéticas ionizantes, sin embargo, se sitúan más allá de la luz visible, en el espectro de los rayos ultravioleta, los rayos X y los rayos Gamma. Se caracterizan por ser ondas de alto contenido energético, capaces de transformar la estructura molecular de la materia. Este tipo de ondas son las responsables de la aparición del cáncer de piel al exponernos demasiado tiempo a ellas.

Por otro lado, existe un material capaz de bloquear el paso de la radiación ionizante y que al mismo tiempo permite el paso de la no ionizante... en efecto, es transparente y se llama cristal.

Ahora imaginemos que se lleva a cabo un proyecto muy ambicioso. Una iniciativa surgida de la idea de poder tomar el Sol en la playa sin que tengamos que estar preocupándonos por el uso de las cremas solares para evitar el cáncer. El proyecto piloto se llama Playa de Cristal, y consiste en proyectar, a varias decenas de metros del suelo, una enorme concha de cristal que cubre la zona de arena y agua de una playa cualquiera.

En esta Playa de Cristal, la gente puede disfrutar del Sol, de su luz y su calor, de la brisa del mar y de la despreocupación por los rayos ultravioleta que provocan cáncer.

14 de marzo de 2016

Ortodoncia Estética con Impresoras 3D

Las impresoras 3D están en auge y uno de tantos ámbitos en los que podrían triunfar es en el de las Ortodoncias Estéticas.

Actualmente, en el mercado de las Ortodoncias Estéticas, los tratamientos se mueven entre los 3.000 y los 5.000 euros en la mayoría de casos. Esto son, tratamientos dentales para corregir derivas de la posición de los dientes (o las comúnmente denominadas malformaciones). Se trata de los famosos tratamientos basados en el uso de Brackets convencionales y de los Brackets Invisalign.

Concretamente, el tratamiento de los Brackets Invisalign es una metodología ciertamente trivial de reproducir con una Impresora 3D. Se necesita disponer de:

1. Un Scanner/Software de escaneo (para escanear un molde de la dentadura a corregir).
2. Un Software que procese las sucesivas etapas, en forma de moldes adaptables a la dentadura, que son necesarias para corregir esa malformación hasta una posición óptima de la dentadura.
3. Una Impresora 3D que imprima dichos moldes con un material adecuado (biológicamente hablando) y preferiblemente transparente.

Una empresa que se dedique exclusivamente al tratamiento de los Brackets Invisalign por una fracción del precio que ofrecen los Centros Odontológicos, simplemente triunfaría en el mercado. Esto sería rentable únicamente si el proceso productivo principal se lleva a cabo a través de la impresión 3D.

Aunque, ciertamente, visto desde el punto de vista del consumidor, aun saldría mucho más a cuenta disponer de una impresora 3D en casa y del software apropiado.

¿Ciencia ficción?


24 de diciembre de 2015

Prácticas de la Obsolescencia Programada

Hace algún tiempo comenté en un artículo la necesidad de erradicar la llamada Obsolescencia Programada, desde un punto de vista medioambiental.

Ciertamente, también se podría defender esta postura desde un punto de vista económico, teniendo en cuenta que el consumidor se ahorraría mucho dinero al no tener que comprar continuamente las mejoras de un determinado tipo de producto. Sin embargo, cabe afirmar que las consecuencias económicas de la erradicación de la Obsolescencia Programada, irían mucho más allá del impacto económico inmediato en el consumidor. También el modo de producir de la Industria y la publicidad se verían afectadas, y como es de suponer, las consecuencias para ellos no serían tan agradables como para el consumidor.

Sin ánimo de entrar en los asuntos macroeconómicos que no me competen, trataré de hablar de las prácticas que yo mismo he observado sobre la Obsolescencia Programada, ya que muchas personas creen erróneamente que la Obsolescencia Programada no existe o es un bulo. Veamos pues algunos ejemplos de este hecho consumado:

Termómetros eléctricos

¿Alguien recuerda los termómetros de mercurio? yo sí. Mis padres tenían dos desde antes de que yo naciera, y aun los conservan. Tienen más de 30 años y siguen funcionando con total fiabilidad. Sin embargo, alguien decidió que medir la fiebre con un termómetro de mercurio era una pérdida de tiempo (se tardaban 2 o 3 minutos en conocer la temperatura), y que era mucho mejor poder medir la fiebre en unos pocos segundos (lo cual comparto plenamente). Sin embargo, el resultado de llevar a la práctica esta gran idea ha acarreado algunos inconvenientes. Hablo de los termómetros eléctricos, que aunque cumplen plenamente con su función, van con pilas. Y el día en que se te acaban las pilas, te quedas sin termómetro. No queda realmente obsoleto, porque puedes comprar una pila y volverlo a utilizar, pero de hecho, sin las pilas el termómetro no puede funcionar. La reflexión es la siguiente, ¿por qué a pilas y no con una batería recargable?, o también ¿por qué se han dejado de fabricar los termómetros de mercurio y no tenemos más remedio que comprar un termómetro eléctrico y sus sucesivas pilas que vamos a necesitar a lo largo del tiempo?. Todo pasa por comprar, volver a comprar y seguir comprando.

Motores con piezas de plástico

Hace poco, en el lugar donde trabajo, se estropeó un interruptor general encargado de realizar una conmutación eléctrica entre líneas de alimentación. Al desmontarlo, observamos que se había desprendido un engranaje de plástico dentado perteneciente al motor del interruptor. Para nuestra sorpresa, vimos que el resto de piezas del motor eran metálicas y muy resistentes, pero que por alguna razón, esta pieza clave no era metálica como las demás, sino de plástico. Para colmo del asunto, el propio fabricante ni se ofrecía a reparar el motor ni suministraba esta pieza, adivinad: la única opción era comprar un interruptor nuevo cuando el resto de piezas funcionaban correctamente. El precio de ese interruptor superaba con creces mi propia nómina. Nuevamente, todo pasa por comprar, volver a comprar y seguir comprando. No obstante, empiezan ya a surgir alternativas al consumo desbocado y el despilfarro de recursos: webs como iFixit, promueven la reutilización y la reparación de los productos que nos rodean.

"Smartphones" deficientes

No quiero entrar en la discusión de lo absurda que es la moda actual de llamar a todas las cosas "Smart". Pero lo cierto es que muchos móviles podrían llevar tranquilamente el prefijo "fool", "dummy" o "dumb". Hablemos de casos concretos: un compañero de trabajo tenía un móvil android y el software Wassap exigía una actualización para seguir funcionando. El problema es que su móvil no tenía suficiente memoria RAM para soportar la nueva versión y se ha quedado sin Wassap. La única forma de evitar volver a la edad de piedra ha sido comprarse un nuevo smartphone. Sin embargo, el móvil funcionaba a la perfección, tenía 3G y cámara integrada, por no hablar de la memoria flash y el procesador, que también funcionaban a la perfección. Todas esas piezas en perfecto estado se han visto de hecho obsoletas por un mecanismo informático: las actualizaciones de software. ¿Por qué las actualizaciones no se aplican únicamente a los smartphones que las pueden soportar?, ¿por qué las aplicaciones no permiten la compatibilidad con versiones anteriores?, ¿es lógico que un sistema denominado inteligente sea incapaz de ofrecer este tipo de funcionalidades básicas?. Es lo de siempre, todo pasa por comprar, volver a comprar y seguir comprando. Lo que está ocurriendo con el mercado de los móviles es ciertamente preocupante. No obstante, empiezan ya a surgir nuevas ideas sobre cómo reutilizar nuestros móviles sin tener que comprar el producto entero cada vez que una parte del sistema se queda obsoleta: es el fantástico concepto del móvil modular.

Publicidad de nuevos productos

Existe una clara relación entre la publicidad y la Obsolescencia Programada. Continuamente nos bombardean con anuncios que nos muestran nuevos y mejores productos de los que ya tenemos. Este hecho afecta a nuestra conciencia y a nuestra percepción subjetiva sobre la "validez" de los productos que ya poseemos. En ocasiones, debido al colosal impacto que ejercen los medios de comunicación en nuestra vida cotidiana, damos por anticuado u obsoleto un producto que está en perfectas condiciones. El producto en sí no ha sido desarrollado con componentes que reduzcan su vida útil, o un software malintencionado incapaz de asegurar la funcionalidad del producto. En este caso nos intentan convencer de que el producto que poseemos ya no nos sirve. Crean en nosotros la necesidad de adquirir nuevos productos a partir de tener que considerar que lo que poseemos ya no es bueno o válido. Sin duda alguna, es una táctica que funciona, y que hace que día tras día muchas personas tiren a la basura productos que funcionan perfectamente para comprarse otros más nuevos. Comprar, volver a comprar, y seguir comprando, ¿recordáis?